El orgullo de ser argentino bajó en la última década y da lugar a un sentimiento más enfocado en lo local

Mientras que en 2016 el orgullo nacional alcanzaba al 85% de la población, los nuevos datos lo ubican hoy por debajo del 60%. Los especialistas explican que el sentimiento patrio no se rompió, sino que se mudó a las acciones concretas del día a día.
Actualidad25/05/2026Mendo HoyMendo Hoy
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La encuesta detectó una caída del orgullo patriótico tradicional y el surgimiento de nuevas formas de identificación ligadas al mérito, la creatividad y la estabilidad económica.

El histórico pulso del "sentir nacional" atraviesa una profunda reconfiguración en Mendoza. Aquel orgullo de ser argentino que en julio de 2016 se consolidaba fuertemente alrededor del 85% de la población a escala nacional, ha sufrido un fuerte desapego casi una década después, posicionándose hoy por debajo del 60%. Este retroceso abrió paso a localismos y a lo que los analistas denominan un "patriotismo de pago chico". Sin embargo, lejos de una disolución total del lazo social, el fenómeno responde a una mutación drástica en las demandas colectivas y en la forma en que las nuevas generaciones deciden ejercer su identidad. 

Así lo demuestra una exhaustiva investigación de la consultora Demokratía, dirigida por Nicolás González Perejamo, realizada de forma presencial en el Gran Mendoza de cara a un nuevo aniversario de la Revolución de Mayo. El estudio indaga sobre el entramado de nuestra identidad a través de tres pilares: la unión nacional, los valores compartidos y la metamorfosis del patriotismo diario.

Primero el bolsillo, después la grieta

Al momento de consultar a los mendocinos sobre las condiciones indispensables para lograr la unión de los argentinos, el diagnóstico es eminentemente material. Para el 53,52% de la población, el cimiento indispensable es alcanzar la estabilidad económica. Esta visión se impone bajo la implícita certeza de que la pobreza prolongada arrastra a la sociedad a un crudo modelo de "supervivencia del más apto".

El factor económico es respaldado de forma contundente por las franjas más jóvenes : el 56,25% de los encuestados de entre 16 y 30 años lo ubica en primer lugar

Por el contrario, la histórica discusión político-cultural ha quedado relegada a un segundo escalón. Solo 3 de cada 10 encuestados (29,24%) sitúan el conflicto en el plano de la concordia cívica y sostienen que lo primordial es superar "la grieta". Curiosamente, esta postura encuentra su mayor eco en los adultos mayores de 65 años (40,54%), quienes anteponen el diálogo político a la urgencia financiera.

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El orgullo de ser argentino bajó en la última década y da lugar a un sentimiento más enfocado en lo local.

El talento y la solidaridad como bandera

A pesar de las sucesivas crisis y los vaivenes del contexto, la autopercepción de los ciudadanos conserva virtudes constructivas y de profunda empatía comunitaria, alejadas de cualquier chauvinismo.

A la hora de definir las características esenciales del "ser argentino" hoy, el talento y la creatividad se posicionan al frente con el 38,38% de las elecciones, entendidos como herramientas clave de resiliencia frente a la adversidad. En segundo lugar, los encuestados ratificaron que el lazo social más fuerte sigue siendo el comunitario, eligiendo a la solidaridad con el prójimo en un 29,50%. Bastante más atrás quedaron la calidez en los vínculos afectivos (10,45%) y la pasión por las tradiciones y la cultura (10,70%).

La crisis del pacto democrático tradicional

Quizás el hallazgo más disruptivo y que enciende alarmas en el plano institucional radica en cómo se elige demostrar el amor por la patria en el día a día. Las respuestas tradicionales del pacto democrático formal parecen haber entrado en una profunda crisis de representatividad.

Opciones esenciales para el funcionamiento del Estado como "cumplir con las leyes y pagar los impuestos" obtuvieron un marginal 2,09% de las respuestas totales, mientras que "promover la cultura y las tradiciones" apenas alcanzó el 3,40%.

En su lugar, el patriotismo se desplaza hacia la acción civil y el sentido práctico. Las alternativas más elegidas a nivel general fueron participar activamente en instituciones civiles o políticas (33,77%), respetar y cuidar los símbolos patrios (23,56%) y consumir productos nacionales y locales (21,73%).

Un patriotismo enfocado en el mérito y la ética laboral

El dato que verdaderamente redefine el horizonte de cara al futuro proviene del segmento joven. Los nuevos ciudadanos de entre 16 y 30 años han dejado por completo de lado el misticismo del nacionalismo lírico o la histórica épica territorial. Para ellos, la mejor y más alta manera de demostrar amor por la patria es, lisa y llanamente, trabajar con ética y excelencia (31,25%), superando a la participación institucional y al cuidado de los símbolos.

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Según un relevamiento de Demokratía, las nuevas generaciones priorizan la ética laboral y la estabilidad económica por encima de las consignas históricas o las disputas políticas.

Este escenario abre interrogantes sumamente necesarios sobre si el patriotismo se ha mudado definitivamente del cumplimiento de las normas públicas hacia la esfera de la realización ética individual. El desapego al pago de impuestos o a las leyes puede leerse no como una ruptura total con el Estado, sino como una exigencia implícita de ejemplaridad hacia las propias instituciones.

Mendoza asiste, tal vez, al nacimiento de un patriotismo mucho más pragmático, enfocado en el desarrollo y el mérito. Una encrucijada que dialoga estrechamente con el pensamiento de Manuel Belgrano, quien en los albores de nuestra historia advertía que "mucho nos falta para ser verdaderos padres de la patria, si no miramos por el bien de ella antes que por el propio". En este aniversario de la Revolución de Mayo, los datos demuestran que el orgullo no es un factor fijo, sino un pulso constante que hoy exige respuestas concretas.

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