

El 1° de mayo no es solo un feriado más: es una fecha cargada de historia y simbolismo para la clase trabajadora. Su origen se remonta a finales del siglo XIX cuando miles de obreros en Estados Unidos salieron a las calles para reclamar una jornada laboral de 8 horas.
En aquel entonces, muchos trabajadores soportaban jornadas extenuantes de hasta 14 o 16 horas diarias. El reclamo de “ocho horas de trabajo, ocho horas de ocio y ocho horas de descanso” se convirtió en una consigna global.
Los mártires de Chicago: el punto de inflexión
El 1° de mayo de 1886 comenzó una huelga masiva en Estados Unidos. La ciudad de Chicago fue el epicentro de las protestas. El 4 de mayo, durante una manifestación en la plaza Haymarket, una bomba explotó y mató a varios policías. En respuesta, las autoridades arrestaron y condenaron a líderes sindicales sin pruebas concluyentes. Algunos fueron ejecutados, y otros recibieron largas penas de prisión.
Este hecho marcó a los llamados Mártires de Chicago, símbolo de la represión contra los trabajadores y del valor de quienes lucharon por los derechos laborales.
Un día internacional de lucha y conmemoración
En 1889, el Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional, celebrado en París, proclamó el 1° de mayo como el Día Internacional del Trabajador en homenaje a los mártires de Chicago y como jornada de reivindicación laboral.
Desde entonces, se celebra en más de 80 países, incluyendo Argentina, España, México, Chile, Perú y muchos otros. Es un día no laborable en la mayoría de ellos y se utiliza tanto para conmemorar las conquistas laborales como para visibilizar nuevos reclamos sociales y económicos.


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