
Entre el entusiasmo y la descondianza, el uso de la inteligencia artificial crece en Mendoza
Mendo Hoy
La inteligencia artificial comienza a estar más presente en la vida cotidiana de los mendocinos aunque todavía convive con niveles moderados de conocimiento, desconfianza y experiencias dispares entre los usuarios. Así lo refleja un relevamiento, realizado por la consultora Demokratía, que expone tanto el crecimiento de su uso como las tensiones que genera su incorporación.
De acuerdo al informe realizado en el Gran Mendoza, casi la mitad de los encuestados asegura tener “algo” de conocimiento sobre inteligencia artificial, mientras que un 43,9% reconoce saber poco y apenas un 1,87% afirma dominar el tema. Este escenario da cuenta de una tecnología cada vez más presente pero todavía lejana en términos de comprensión profunda para la mayoría de la población.
En cuanto al uso, la adopción es desigual. Solo una minoría la utiliza de manera habitual pero más de un tercio de los consultados ya la probó alguna vez. Al mismo tiempo, persisten obstáculos claros para su expansión: hay quienes no la utilizan por falta de conocimiento, desinterés, desconfianza en los resultados o incluso por temor a sus implicancias.
El estudio también muestra que la inteligencia artificial ya influye en decisiones diarias como compras, rutas o consumo de contenido. Más de la mitad de los encuestados reconoce que sus elecciones están condicionadas, en mayor o menor medida, por sugerencias automáticas de algoritmos. Sin embargo, esta influencia muchas veces pasa desapercibida ya que la mayoría afirma que rara vez logra identificar contenidos generados por inteligencia artificial en redes sociales.
En esa misma línea, se evidencia una dificultad para distinguir entre contenido real y artificial. Una gran proporción de personas admite no estar segura de haber compartido información falsa o generada por IA en los últimos meses, lo que pone en evidencia el desafío que representa la desinformación en entornos digitales cada vez más complejos.

A pesar de su creciente uso, la experiencia de los usuarios no siempre es positiva. Más de la mitad de quienes utilizaron inteligencia artificial calificó los resultados como insatisfactorios. Entre los principales motivos aparecen respuestas que no cumplen con las expectativas, errores en la interpretación de consignas o información incorrecta. Este punto revela una brecha entre las expectativas generadas por la tecnología y su desempeño real.
Sin embargo, la mirada hacia el futuro es mayormente optimista. La gran mayoría de los encuestados considera que la inteligencia artificial mejorará su vida en los próximos años, aunque una gran parte lo hace con cautela anticipando mejoras graduales más que transformaciones radicales.
El impacto en el mundo del trabajo aparece como uno de los ejes más sensibles del debate. Por un lado, existe consenso en que la inteligencia artificial permitirá incrementar la productividad de las empresas. Por otro, crece la percepción de que podría reemplazar empleos, especialmente aquellos vinculados a tareas manuales o técnicas. Este escenario plantea una tensión entre la promesa de eficiencia y el riesgo de desplazamiento laboral.
Las opiniones, en este sentido, reflejan un equilibrio entre expectativas y preocupaciones. Mientras algunos ven en la inteligencia artificial una oportunidad para ampliar las posibilidades laborales, otros advierten sobre el riesgo de mayor desigualdad o pérdida de autonomía en entornos cada vez más monitoreados por sistemas automatizados.
En materia de regulación, el consenso es amplio. La mayoría de los encuestados coincide en que debe existir algún tipo de control sobre el desarrollo y uso de la inteligencia artificial. Casi la mitad considera que el Estado debe establecer normas que protejan a las personas, mientras que una proporción similar propone regulaciones parciales. La idea de un desarrollo completamente libre, sin intervención, aparece como minoritaria.
En ese contexto, surge también el reclamo por políticas públicas más concretas. “Hay que dejar de sacarse fotos con la inteligencia artificial. Los gobiernos deben establecer un plan en el que involucren fondos en capacitación e infraestructura”, señaló Nicolás González Perejamo, director de la consultora.
Más allá de los datos, el informe plantea que la inteligencia artificial no es solo un avance tecnológico sino un fenómeno social en construcción. Su evolución dependerá no solo de la innovación técnica sino también de la confianza que genere, los usos que se consoliden y las decisiones políticas y éticas que se adopten en torno a su desarrollo.



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